
Es por todos, conocida la gran polémica que causó el discurso del Papa Benedicto XVI en Alemania; en la cual habló en contra del fundamentalismo islámico. Las reacciones se produjeron rápidamente, pues en su intervención, realizó una cita textual medieval que criticaba al Islam. La cita la hizo Benedicto XVI el 12 de septiembre pasado en la Universidad de Regensburg durante su visita a Baviera, ante un auditorio universitario, en el que se refirió a una controversia en 1391 entre el emperador bizantino Manuel II Paleólogo y un erudito persa. Las palabras textuales del Papa fueron estas:
«En la séptima controversia el emperador toca el tema de la "yihad" (guerra santa). El emperador sabía que en la sura 2, 256 del Corán está escrito: "¡Ninguna coacción en las cosas de fe!" Es una de las suras del período inicial, en el que Mahoma no tenía poder y estaba amenazado.
«Pero naturalmente el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa, por lo que, de manera sorprendentemente brusca se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo: "Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su disposición a defender por medio de la espada la fe que predicaba".
«El emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe por medio de la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. "Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por lo tanto, quien quiera llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas... Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir a los músculos ni a instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte...".
«La afirmación decisiva en esta argumentación contra la conversión mediante la violencia es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios».
Como se puede ver y como Benedicto XVI aclararía luego, y sus subordinados también; el mensaje que buscaba dar era; expresar la incompatibilidad de Dios con la violencia; la religión y la espada no pueden ir juntas sino que la debe acompañar la razón. Pero existe un pasaje que Benedicto XVI ‘no evitó’ citar y que se ha resaltado (arriba en negritas); dónde se puede extraer otra significación mucho menos diplomática y más reaccionaria. Mahoma ha traído, según la cita, solamente cosas malvadas e inhumanas. Esto ha provocado la ira de los musulmanes en todo el mundo; y no sólo, por cierto, de los fundamentalistas. Los musulmanes ven en esta declaración otra más de las muchas afrentas, provocaciones y ataques que occidente ha lanzado en contra de su civilización y su religión desde que coexisten. Es verdad, que se debe reconocer que lo más probable sea que el Papa no deseaba que la atención se centre sobre esta parte de su discurso. Pero la verdad es que su reflexión hoy es tan estéril y ciega como lo fue el razonamiento del rey bizantino hace siglos.
El profesor de Münster Theodore Khoury, editor de esta controversia, comenta que, para el emperador, -como buen bizantino, educado en la filosofía griega-, esta afirmación es evidente. Para la doctrina musulmana, en cambio, Dios es absolutamente trascendente: su voluntad no está ligada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la de la racionalidad. En este contexto Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, que revela que Ibh Hazn llega a decir que Dios no estaría condicionado ni siquiera por su misma palabra y que nada le obligaría a revelarnos la verdad. Si fuese su voluntad, el hombre debería practicar incluso la idolatría.
El punto a ser pensado, es la incomesurabilidad de las posiciones en cuestión de fe y religión; es por esta razón que las cruzadas duraron siglos. No se puede llegar a diálogos fructíferos, sólo a confrontaciones. El cristianismo cree poseer una verdad al igual que el Islam; pero si estas dos ‘verdades’ difieren no existen puntos de comunión o flexibilidad para aceptar las posiciones de los otros.
La gran ilusión de la modernidad occidental, era creer que estas situaciones estaban superadas por la razón instrumental, por la política basada en la ‘letras humanas’ y ya no en ‘las divinas’ (en derecho y no en teología); pero hoy en todo el mundo occidental surgen núcleos de irracionalidad y de fundamentalismo cristiano.
Muchos de los fieles católicos y otros pertenecientes a religiones judeo-cristianas han felicitado al Papa, y lo han cuestionado por lamentar las palabras de su discurso. Ellos creen que el mérito del discurso de Benedicto XVI está en haberlo convertido en el ‘primer líder occidental’ en haber dicho de forma clara el peligro que representa el Islam para el mundo civilizado. Se han alzado las voces en todo el mundo, alabando las palabras que relacionan al Islam y la violencia, presentándolos como dos caras de la misma moneda.
En un editorial del Washington Post, se dice que así como Juan Pablo II, tuvo una posición fuerte en la lucha contra el comunismo; así Benedicto XVI podría tener un papel igual en la lucha contra el fundamentalismo islámico.
No es de sorprender, la gran acogida que dieron los grupos ultraconservadores del mundo y en especial de los países occidentales inmiscuidos en las guerras de Medio Oriente.
Según la CNN: Las reacciones más fuertes, en contra de estas declaraciones por otro lado, han salido de países como Pakistán, Egipto, Irán e Irak, y en este último destacados líderes suníes han considerado que las palabras del Pontífice "incitan al terrorismo" contra los musulmanes, ya que "dan a las tropas de EEUU un pretexto para seguir matando a los mahometanos".
Quitando un poco de fuego a estas palabras, sin duda alguna, las palabras del Papa malinterpretadas, pueden dar espacio para la legitimación ‘moral’ de la guerra de Irak, de Afganistán o de Líbano. Porque si el Islam no es más que violencia, lo mejor sería ‘regalarles’ la democracia y la libertad ausente en los regímenes fundamentalistas. Queremos exportarles la democracia y a punta de fusil y misil; obligarlos a consumirla.
No es fundamentalismo también la posición del presidente de Estados Unidos, G. W. Bush; cuando en la operación inmediata al ataque terrorista del 11-S; llamó Justicia Divina cambiada a Justicia Infinita; para matar a mansalva en una cacería de brujas y de petróleo.
Lo más triste fue descubrir el gran apoyo que recibió Benedicto XVI y no en la ‘buena’ interpretación de su discurso sino en la interpretación negativa. Miles de católicos, incluidos sacerdotes han descubierto su posición intolerante con la civilización y religión del Islam.

Para terminar, con gran pesar y tristeza veo que el mundo vuelve sobre sus pasos; que el idealismo hegeliano que linealizaba el tiempo y lo llevaba a una lógica de progreso (mediante un dialéctica síntesis-antítesis-tesis), no puede ser una realidad. La realidad parece ser el tiempo circular, el eterno retorno sobre nuestras caídas, errores y crímenes. Las nuevas cruzadas están aquí; el nuevo Ricardo Corazón de León (o el Bárbaro como los llamaban los musulmanes) ha vuelto en forma del presidente de EEUU; Saladín está preso en Irak esperando su juicio por genocidio y otro está esperando para surgir cuando esté vacante este puesto.
Los crímenes vuelven, pero no nos engañemos en demasía, no luchan sólo porque sus visiones del mundo son opuestos y rivales; sino por algo más. En el medioevo por gloria y tierras; hoy sin duda por petróleo y dinero. El cruzado ‘noble’ o aristócrata; no es el mismo que el cruzado ‘capitalista’ corporativo. Sin embargo, el Islam tampoco es la fulgurante civilización que fue; cada día está más encerrado en sus leyes y aislado del mundo, porque se siente agredido desde todos lo flancos.
Esperemos que la tolerancia triunfe sobre el fundamentalismo y no sólo es islámico sino también el occidental, cada vez más atrevido y presente.